Las asociaciones de consumidores han declarado la guerra a una práctica muy extendida: las empresas cuyo teléfono de atención al cliente es de pago. Además, suelen tardar un buen rato en atender las llamadas.
A los consumidores les incomoda también la última moda: hablar con máquinas.
A esto hay que añadirle las que nos llaman a cualquier hora para ofrecer un producto o realizar una encuesta.
En el siglo XXI estas son situaciones habituales y también molestas, porque este es el siglo en el que nuestro tiempo es auténtico oro.