Aquí se reúnen lugareños y turistas para bailar y escuchar música, ayudándose de bebidas energéticas en estado puro (carísimas, por cierto) para aguantar lo que sea. El público habitual es gente entre veinticinco y treinta y cinco años, que parecen incombustibles: sólo el verlos bailar agota; pero también hay un espacio central para los más tranquilitos, per-fectamente ambientado como un salón de té árabe, algo impensable y totalmente original en un lugar así. Es especial.
Dlouhá , 33 (Praga)
Redacción Mujer
26/1/2010