Ante esta perspectiva, es lógico que nuestro cuerpo reaccione manifestando diversos estados, que psiquiatras y psicólogos han denominado depresión post-vacacional. No obstante, no es preocupante, ya que simplemente se trata de un estado anímico que acaba desapareciendo a los tres o cuatro días.
El síndrome post-vacacional es un trastorno adaptivo natural, que se calcula que sufre el 35 % de la población activa, y que consiste en la aparición de diversos síntomas depresivos y de ansiedad.
El ánimo, por los suelos
Los afectados suelen manifestar desde hastío, desinterés e inapetencia hasta dolores musculares, cefaleas o insomnio. Todo este cuadro anímico no requiere ningún tratamiento ya que, normalmente, suelen desaparecer estas sensaciones por sí solas. No obstante, de no ser así, probablemente no nos encontramos ante un caso de síndrome post-vacacional sino, del fenómeno llamado “burning out”, es decir, estar quemado en el trabajo.
Y es que es muy importante distinguir entre rebelarnos por volver a la rutina que impone el trabajo diario, y entre aquellas personas que se reencuentran con problemas que ya existían antes de las vacaciones, es decir, sujetos que no se sienten bien en su puesto y a los que nunca les ha agradado el ambiente de su empresa. A estos trabajadores, por lo tanto, el esfuerzo de incorporarse a su vida laboral le resultará todavía más duro.
Este síndrome, cada vez más de moda, suele encontrarse de forma más habitual entre los profesionales relacionados con el mundo de la medicina, servicios sociales, educación y periodismo. Pero no es exclusivo de estas ocupaciones, ya que lo pueden sufrir desde grandes directivos hasta amas de casa, es decir, nadie es inmune a sus efectos.
Asimismo, en la aparición de estos síntomas también influyen variables como el entorno físico, el contenido del puesto, las relaciones con los compañeros de trabajo y las posibilidades que tengas en el desarrollo de tu carrera profesional.
Y es que, un empleado que dedica su vida laboral a una empresa que cuenta con escasez de personal, trabajos por turnos, falta de especificidad en las funciones, tareas que suponen conflicto, volverá a dicho entorno con un estado anímico bajo mínimos, porque sabe que, de nuevo, la sobrecarga de tareas recaerá sobre él.
Estos casos no siempre son así; normalmente la depresión tras las vacaciones y el ocio consisten únicamente en unos días de hastío hasta acostumbrarse de nuevo al horario de trabajo.
Además, también existen excepciones.
¿En quién y por qué aparece este tipo de depresión?
Hay gente que no sólo no sufre ningún tipo de depresión sino que, de hecho, necesitan volver a su vida laboral. Se trata de empleados que padecen otro tipo de síntoma: la adicción al trabajo.
Se dan casos en los que esta dependencia también aparece por otros problemas como son las crisis entre matrimonios o parejas que, después de apenas verse durante todo el año, en el momento de las vacaciones no son capaces de afrontar todas las horas del día juntos. En estos casos, es cuando el amor muestra su lado oscuro en forma de graves diferencias.
Lo más importante que debemos tener en cuenta es que los excesos nunca son buenos; ni adicción ni depresión. Se trata de encontrar una armonía tanto en la vida laboral como personal, el equilibrio es la herramienta que necesitamos para ser felices, aunque encontrar ese estado perfecto es una tarea compleja y no todo el mundo es capaz de lograrlo. La vida laboral es cada día más estresante debido al ambiente de competitividad extrema que se vive en las empresas y a la inestabilidad del puesto de trabajo, que en los últimos años ha dejado de ser el valor seguro que era para nuestros padres.
Consejos para que la depresión pase bien lejos de nosotros
Siempre existen diversas estrategias para evitar o amortiguar los efectos de este síndrome post-vacacional. Una de ellas consiste en no reincorporarse al trabajo de golpe, es decir, al día siguiente de volver de vacaciones, sino hacerlo escalonadamente, volviendo unos días antes de la reincorporación para irlo asumiendo.
Es fundamental que seamos positivos y potenciar hábitos que nos hagan sentir bien y no, por el contrario, centrarnos en los diálogos negativos («qué horror», «con lo bien que estaba yo en la playa», «no aguanto este trabajo», etc...).
Tampoco es saludable que la gente, después de cumplir su horario laboral, se siga llevando trabajo a casa mediante el portátil, atendiendo llamadas desde el móvil y demás. Siempre es mejor un espacio de ocio diario para descasar y disfrutar del tiempo libre.
Si nada de esto te es suficiente, los expertos recomiendan practicar alguna técnica reductora de ansiedad tal como la autohipnosis, el yoga o la meditación.
Así que ya sabes, piensa en positivo ya que cuando menos te lo esperes vendrá un puente festivo, y aunque sean unas mini-vacaciones, podrás estar otra vez descansando lejos de la oficina y todo esto habrá sido sólo un mal sueño que ya estará olvidado....
Redacción Mujer
24/8/2009