Con el paso del tiempo, la mujer se ha ido insertando en el mercado laboral y llevando consigo empresas creadas con sus propias manos. Ya no hay que distinguir ni diferenciar entre sexos porque lo que ha quedado demostrado es que las mujeres tienen tanto potencial como los hombres para ser sus propias jefas.
De hecho, según los expertos, podría decirse que el sexo femenino tiene en su carácter unas aptitudes que le hacen estar mejor dotadas para la empresa. Tienden a ser más relacionales, trabajan mejor en equipo y suelen ser menos autoritarias que los hombres.
Además, la llegada de la mujer a la empresa está enriqueciendo en muchos aspectos el mundo laboral. Y es que el sexo femenino suele demostrar, por ejemplo, una mayor preocupación por incluir en sus negocios la acción social o, en definitiva, la solidaridad.
Un caso es la estadounidense Anita Roddick, que en 1984 puso en marcha una pequeña tienda de perfumería y cosmética para poder mantener a su familia mientras su marido recorría Sudáfrica en una expedición. Hoy Anita factura miles de millones con su imperio multinacional (The Body Shop) que se distingue por su compromiso con proyectos sociales y ecologistas.
Las empresarias españolas aún distan mucho respecto a otros países. Para empezar, hay que superar esa escasa presencia en los sectores industriales, agrícolas o constructor ya que la mayoría de las empresas gestionadas por féminas se centran en los servicios o el comercio.
Y para continuar, debemos tender a eliminar de nuestras mentes los prejuicios y los miedos. Aún existen innumerables amas de casa que muestran su reticencia a convertirse en empresarias porque se ven incapaces para ello. Sin embargo, debemos asumir que, simplemente, con la experiencia que tienen en la gestión del hogar (llevar el presupuesto, detectar las necesidades de la familia, ocuparse del suministro, etcétera) están mejor preparadas para crear y dirigir una empresa de lo que han estado muchos empresarios en sus inicios.
Aquéllas que decidan hacer caso a su carácter emprendedor ya no tienen por qué sentirse solas en el intento. Existen multitud de subvenciones, asesoramiento y formación en exclusiva para ellas a la hora de montar o consolidar un negocio.
Según los datos del Banco Mundial de la Mujer, un organismo sin ánimo de lucro que desde 1989 tramita préstamos para empresas promovidas por mujeres, el 50% de las entidades creadas en la Unión Europea son propiedad del sexo femenino. Es evidente y constatable que las oportunidades para que una mujer dé el salto hacia el mundo empresarial crecen y esto no debe ser desaprovechado.
Motivación, tu principal motor
Las personas emprendedoras deben ejercer la libertad de la que todos disponemos para elegir los objetivos de nuestras vidas y la libertad de esforzarnos por hacerlos realidad. Hay que tener la fuerza de voluntad de asumir riesgos en lugar de asustarse y conformarse con la resignación.
El éxito de una emprendedora va indiscutiblemente unido a la preparación y planificación y para saber esto lo único que podemos hacer es aprenderlo. En primer lugar, deberemos tener conocimiento acerca del funcionamiento de la economía, básicamente, sus nociones generales, así como sobre la creación y gestión de una empresa.
Quizás exige esfuerzo y trabajo duro pero una vez conseguido, las ventajas de ser empresaria son innegables. Para empezar, tendremos un empleo seguro, se acabaron los irritantes procesos de selección de personal, los contratos «basura», en definitiva, tu trabajo va a estar siempre asegurado.