Existen una serie de
cambios físicos en esta etapa de la vida que afectan a la
vida sexual: mayor dificultad para la erección, erecciones menos firmes, mayor periodo refractario, menor lubricación vaginal, sensaciones físicas más difusas, dificultad en los movimientos y posturas… Pero también hay aspectos psicológicos que influyen fuertemente.
Para los ancianos puede ser extraño el aceptar una sexualidad que ya no tiene función reproductiva, a pesar de que anteriormente hubieran mantenido sexo sin pensar en este aspecto. Para los
varones, la impotencia es un signo de debilidad, de poca hombría, por lo que en muchos casos se prefiere un retiro completo de la sexualidad antes que tener que responder adecuadamente y no poder hacerlo en muchas ocasiones. Otras
formas de expresión sexual no suelen ser tan bien aceptadas debido a la idea social que relaciona el sexo con la penetración.
También el valor de su propia
identidad cambia. El aspecto sexual es un rasgo de su persona como otro cualquiera, y en este momento está cambiando sin que pueda ejercer dominio sobre él. Se desea volver a ser lo que se fue.
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