La timidez y el sentimiento de inferioridad no son lo mismo, aunque sí mantienen una relación de causa-efecto. Esto quiere decir que somos tímidos ante los demás (efecto) porque somos conscientes de alguna inferioridad o carencia nuestra, que puede ser real o imaginada; nuestra autoestima no está lo alta que debería (causa).
Aunque todos sabemos que otras personas nos superan en ciertas cualidades, el sentimiento de inferioridad o la baja autoestima se da cuando sólo somos capaces de vernos a nosotros mismos a través de nuestras deficiencias, no valorando nuestras virtudes.
Si el sentimiento de inferioridad no es superado, crece un sufrimiento interior que puede llevar a una gran timidez, a la rebeldía o comportamientos antisociales, a la cobardía, o a problemas psicológicos más preocupantes. Este dolor trata de compensarse por otros medios.
Las compensaciones pueden ser afectivas o sociales.
Las afectivas pueden ser depresivas (aislamiento, tristeza, pasividad
) o coléricas (enfado, mal humor, incluso violencia).
En las sociales, la inferioridad trata de ocultarse por medios muy diversos y se busca el agradar a los demás. Puede tratarse de llamar la atención (descaro, palabras malsonantes, comportamientos o apariencia extraña
) e incluso puede llegarse a la mentira y al robo. Mediante la mentira se trata de evitar la humillación y a través del robo se pretende compensar el "yo soy" por el "yo tengo". También puede darse la fuga como medio de huida de un entorno que hace sentir inferior.
Aunque el sentimiento de inferioridad y la timidez son bastante comunes en la adolescencia debido a la etapa de cambios y la incertidumbre que estos producen, suelen desaparecer con la edad en un ambiente social y educativo normal.
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