
01/03/2012 La timidez suele aparecer alrededor de los cinco o siete años, pero en esos momentos no se es demasiado consciente del "yo soy tímido".
Es sobre todo en la adolescencia cuando la situación se agrava. En primer lugar porque se ha ido desarrollando en el niño la capacidad de reflexión sobre uno mismo, la conciencia. Si el niño "es tímido", el adolescente "es consciente de que es tímido". El hecho de saber que somos tímidos, que nos vamos a poner nerviosos y ansiosos, que probablemente vamos a actuar de forma torpe, agrava nuestro temor y por lo tanto, nuestra timidez.
Otra razón es el nuevo ambiente al que el adolescente se enfrenta. De niños nos adaptamos a lo que nuestros padres piensan y deciden. Son pocas las responsabilidades que se nos exigen. Pero según vamos creciendo, vamos teniendo opiniones propias y más responsabilidades, nuestro cuerpo va cambiando y nos cuesta adaptarnos a él. Ante estos hechos nuevos podemos dudar y sentirnos inseguros y desconfiados, tanto ante nosotros mismos como ante los demás. Si no fuéramos conscientes de los nuevos cambios y dificultades que se nos presentan, significaría que seguimos estancados en la niñez.
El ser consciente de lo que ocurre, dentro de nosotros y a nuestro alrededor, es necesario (la timidez es, por tanto, algo bastante normal que se deriva de esta situación), pero también lo es el no dejarnos amedrentar por las dificultades.
Para prevenir la timidez, se debe evitar por parte de los padres y profesores hacia el niño, la intolerancia y severidad sistemática, la exigencia excesiva, la ayuda innecesaria, las comparaciones y castigos humillantes. Nunca se les puede reprochar todo continuamente (siempre se puede elogiar algún aspecto positivo) ni nunca se les puede elogiar y ayudar continuamente, pues cuando se encuentren solos ante un problema les va a resultar más difícil solucionarlo o aceptar el fracaso.
Es muy importante también el enseñarles a ser hábiles, pues la torpeza suele derivar en un problema de timidez y baja autoestima. Esta torpeza también debe ser tratada en público, es decir, los niños han de acostumbrarse a realizar tareas en presencia de otras personas desde pequeños. Confiarles ciertas pequeñas tareas y responsabilidades sociales para evitar el aislamiento (como comprar el pan o pedir las entradas del cine o cierta pequeña información, aunque vayan acompañados por adultos).
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