En la adolescencia se siente una gran tensión entre la necesidad de alejamiento de los padres, por un lado, y su dependencia de ellos, por otro. Mientras tanto su físico como sus ideas y sentimientos están cambiando, se ha de seguir manteniendo los antiguos lazos con la familia. Se quiere ser uno mismo, diferenciarse, pero al mismo tiempo se nota la presión paterna del continuar siendo lo que se era antes, al menos en determinados aspectos.
También los padres se encuentran en una posición ambivalente entre dar la independencia a los hijos y el retenerlos para sí. Muchas veces los mensajes son equívocos en ambas direcciones por esta contradicción de sentimientos y necesidades que se dan tanto en padres como en hijos. Por eso suelen ser más las disputas entabladas con las madres, ya que han estado involucradas más íntimamente con los hijos y les es más doloroso abandonar la antigua relación, aceptar el que ya no son tan necesarias.
Otro factor es la gran emotividad que se desarrolla en el adolescente en esta etapa de cambios. Con todas las indecisiones que pesan sobre sus hombros, cualquier reproche, contrariedad, negación
, le abruma mucho más de lo que lo haría en otro tipo de circunstancias en las que estuviese más seguro de sí mismo y de la realidad que le rodea.
En general, los padres y los adolescentes no disputan por temas transcendentales, como la política, lo religioso, o los valores económicos (siempre y cuando no se trate "del valor personal" que tiene la paga).
Los temas motivos de discusión suelen ser temas relacionados con el rendimiento en la escuela, los amigos y las citas, el aspecto físico y las horas de llegada a casa.
Estas causas son el reflejo de que el adolescente está realizando un profundo cambio de actitudes y buscando independencia, mientras que a los padres les asusta este cambio repentino y pretenden su sometimiento a las reglas sociales y familiares.
También hay que tener muy en cuenta que en algunas sociedades los cambios sociales se han efectuado muy rápidamente de una generación a otra, por lo que a los adultos les es difícil aceptar ciertas costumbres en un momento dado que en un tiempo pasado, casi ni se les podía pasar por la cabeza.
Normalmente los conflictos son más abundantes y fuertes al comienzo de la adolescencia, sin que esto signifique que se rompa con los valores de los padres y de la sociedad (rebelión adolescente) y suelen suavizarse aproximadamente a los dieciocho años, entrando en la vida adulta.
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