Especial: Quiero ser mamá
Sus roles cambian y las tensiones aumentan a nivel físico y psicológico: los gastos aumentan, las horas de sueño y dedicación al ocio disminuyen, el cansancio aumenta (sobre todo en la madre) y el padre puede sentirse dejado de lado. El estrecho vínculo que desarrolla la madre con su hijo puede ser causa de envidia de su pareja, la comunicación y las actividades en común pueden disminuir e incluso pueden presentarse problemas sexuales.
No es de extrañar que ante estos hechos los conflictos puedan aparecer, o agravarse en el caso de que ya existiesen. Por eso es conveniente recordar que el nacimiento de un hijo no arregla la situación de una pareja conflictiva, sino que supone una fuente de estrés añadida y que es necesario que la pareja reserve un tiempo para sí misma y para su desarrollo.
Las reacciones del padre y de la madre son diferentes ante el nacimiento de su hijo. La madre modifica su vida para desempeñar lo mejor posible sus roles maternales y familiares, mientras que el hombre se implica más en su trabajo para asegurar el bienestar económico. En esta etapa el hombre no debe olvidarse de apoyar emocionalmente a la mujer y la mujer no debe centrarse únicamente en el cuidado del hijo.
Un factor importante que influye en la adaptación a la paternidad es la edad a la que se tienen los hijos. Según los estudios, el ajuste es mayor en aquéllas parejas que posponen este momento hasta ver desarrolladas o, al menos, encaminadas, sus necesidades, relaciones conyugales y metas personales. La seguridad y estabilidad les permite disfrutar más de la función de padres.
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