Murillo realizó estas declaraciones en el curso "Violencia de género en las parejas heterosexuales", organizado por la Universidad Complutense, donde apuntó que el maltratador tiende a "anular" las relaciones afectivas de su pareja. La persona que ejerce el maltrato, continuó, pone las reglas en la pareja, vigila el cumplimiento de las mismas y anula la libertad de la mujer al supervisar continuamente sus pasos.
En su opinión, "la amenaza y la coacción" que ejerce el hombre sobre la mujer suponen un "peligro de muerte", ya que el hombre advierte "de forma severa" a su pareja que si las normas no son cumplidas las consecuencias tendrán un mayor alcance. Murillo declaró que "no es extraño" sino "muy frecuente" que las mujeres maltratadas sigan queriendo a su pareja y, por ello, aclaró "la violencia no supone el fin del amor".
Los roles, a su juicio, entorpecen el que cada miembro de la pareja tenga su propia autonomía y, agregó, son "el principal" indicador de riesgo de violencia de género. La pareja, según definió Murillo, es "la suma de dos planes de vida singulares", por lo que cada miembro de la pareja debe permitirse tener "un grado de decisión" sobre sus propios asuntos. En este contexto, defendió el "buen trato", basado en la autonomía y el respeto, frente al "mal trato" y dijo, ojalá se imponga en las parejas la complicidad y no la jerarquía.
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