El ritmo de la conversación también ha de ser regulado, pues si resulta atropellado, demasiado rápido, la persona a la que nos dirigimos puede no llegar a comprenderlo todo o quedar extasiada por el ritmo. Si resulta muy lento, no es de extrañar que pueda aburrirse.
El tono de voz siempre debe ser amable y el volumen adecuado. Si es demasiado alto podemos parecer faltos de educación o tratando de imponer nuestras opiniones. Si es demasiado bajo, podemos resultar temerosos, faltos de confianza en nosotros mismos o no demasiado dispuestos a conversar.
Redacción Mujer
11/11/2009