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Cuerpo y mente
Vamos a contar mentiras... pero cuidado, no todas son inofensivas
La mentira ha sido siempre la sombra negra de la humanidad. Perseguida por muchos, habitual en otros, pero, en todo momento, castigada y rechazada. En todos los ámbitos de la vida, la mentira tiene cara de persona malvada y se asocia con la traición, la venganza, el dolor o la infidelidad. Todos conocemos la historia de Pinocho o la del pastor y el lobo, ambas perjudican al protagonista. En las dos se les castiga de algún modo.
Así es. A lo largo de nuestra vida y desde muy niños, nos acostumbran a no mentir y a castigarnos por ello. La actitud excesivamente rígida y protectora de algunos padres hace que, ante presiones, los niños mientan. Principalmente por miedo y pánico a las represalias. Pero esta no es la solución. No hay que enseñar a mentir a los niños pero sí a jugar con ellos, a dejarles creer que te están engañando.
Pero, desgraciadamente, no todas las mentiras son tan ingenuas e inofensivas como las de los más pequeños. Existen falsedades dentro de los matrimonios, las familias, los amigos, en política o en educación. Las causas son siempre diferentes y los motivos también.
El problema de verdad aparece cuando una mentira empuja a otra y así hasta que, por un lado o por otro, se falla en algo. Es complicado mantener una tensión como esta durante tiempo y que, a la vez, no haya ningún cabo suelto para que nadie se dé cuenta.
¿Quién miente más?
Nadie se pone de acuerdo a la hora de aclarar quiénes son los que más mienten, los hombres o las mujeres. Son mitos o auténticas realidades. Desde el punto de vista de la mujer, ellas mienten de forma piadosa, para evitar un mal mayor o para no dañar a otra persona en sus sentimientos. En cambio, los hombres mienten para hacer daño y burlarse de los demás. Aunque esto no llega a cumplirse nunca.
Los hombres suelen mentir para impresionar a otros hombres o mujeres, para evitar dar la cara si se han metido en algún problema, para dejar a un lado pequeñas limitaciones, para no dar demasiado poder a una mujer o para lograr sus objetivos.
En muchas ocasiones, las mentiras son una imagen de la desconfianza y de la falta de seguridad, en uno mismo o en los demás. Algunos se mienten a sí mismos cuando dudan del futuro que tienen con su pareja. No se atreven a poner las «cartas sobre la mesa» y se pasan la vida auto-engañándose. Antes de abrir los ojos a la realidad, se utiliza una solución falsa.
En otros campos, no tan personales, se encuentra también la mentira. En política no hay duda de que existe. Para conseguir un voto se hacen creer «verdades a medias» y se venden ilusiones que, en muchas ocasiones, caen en el olvido. Un político cuanto más mentiroso sea, más propósitos consigue. Los votantes saben que en campaña prometerán el cielo y las estrellas y aún así se dejan engañar.
Motivos por los que mentimos
En ocasiones, sentimos algo y actuamos como si sintiéramos incluso lo contrario.
¿Por qué lo hacemos? Muchos son los factores que nos hacen mentir o reprimir las emociones. Uno de los factores más importantes es la educación que se recibe por parte de los padres o educadores. Hay familias que favorecen que sus miembros expresen abiertamente sus sentimientos (tanto positivos como negativos) y eso se traduce en salud mental y serenidad.
Por el contrario, otras evitan las emociones basándose en que siempre hay que dar buena imagen o que los sentimientos son algo íntimo que no hay que sacar a la luz.
El coste de no canalizar las emociones es que la persona tendrá dificultades para sentirse plena. Nadie puede vivir sanamente sin expresar sus verdaderas emociones. Y es, precisamente, de ahí es de donde provienen muchos de los trastornos psicológicos, por la imposibilidad de sacar las emociones.
En otros casos, no se empieza por una mentira, pero sí por una exageración. Primero se exagera sobre algún aspecto y la pelota se hace tan grande que ya no existe diferencia entre la realidad y la ficción.
El remedio
- Antes de abrir la boca para mentir, hay que sopesar lo que vayamos a decir. Pensar por qué lo vamos a hacer y con qué consecuencias.
- Es preferible, a la hora de contar algo, no exagerarlo ni adornarlo hasta llegar a la falsedad.
- Piensa, antes de contar una mentira, en cómo te van a mirar en el momento en que te pillen. Cuando se descubra tu tendencia a mentir y te pierdan el respeto.
- Diciendo la verdad, siempre estarás a salvo de remordimientos y de angustias provocadas por las falsedades.
A pesar de todo, la mentira es algo inherente en toda persona. No se puede evitar. Sea más o menos grande, más o menos evidente, a todos alguna vez se nos ha escapado. No son la solución a ningún problema, pero si las vamos a decir, hay que conocer las consecuencias.
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