Mundo espiritual
La soledad, nuestra eterna compañera
Por muy acompañados que estemos, por muy rodeados de gentes que vivamos, siempre habrá momentos de soledad en los que únicamente estaremos con nosotros mismos. Podemos estar en la cama con nuestra pareja, ella está dormida, nosotros despiertos y en ese silencio de la noche, podemos estar a solas con nuestros pensamientos.
Por más que compartamos nuestra vida con otras personas, debemos darnos
cuenta que, en el fondo, mal que nos pese, jamás podremos compartir
completamente nuestras experiencias con los otros, ya que la plenitud de
nuestra experiencia es sólo nuestra y únicamente podemos vivirla
nosotros. Es nuestra vivencia y por mucho que lo detallemos, lo contemos
o lo dibujemos, habrá cosas que se escapan, que sólo están en nuestro
interior y son, además de irrepetibles, intransferibles.
Esto
mismo ocurre con la trascendencia. Cuando el mago, el chamán o el druida
alcanzan un estado sublime de elevación, pueden explicar una parte de
su viaje, pero es un transito privado en el entorno de la conciencia.
La soledad en el campo interior
Llega un momento en que quien busca la iniciación, se da cuenta que está solo. La soledad crece juntamente con nuestro conocimiento y con nuestra evolución mental. Saber cada dÃa más de nosotros mismos y del propio mundo que nos rodea implica cierta soledad, porque a medida que nos acercamos más a nosotros tendemos a alejarnos más de otras personas a las que no consideramos interesantes.
Pero vivir esos momentos, esas situaciones, no implica aislarse. No es bueno hacerlo, debemos aprender de todo y de todos, sabiendo en qué momento debemos dejarnos llevar por un entorno quizá no tan interesante y en cuál debemos separarnos del resto del grupo.
¿Me estoy volviendo loco?
Al mismo tiempo que evolucionamos conscientemente se nos pueden presentar momentos de gran soledad y amargura, miedo, ira e incluso caer en cierto tipo de locura. Para no caer en la locura debemos combatir estos momentos con todas las metodologÃas y técnicas necesarias que tenemos a nuestro alcance.
Sepamos, sin embargo, que estos momentos son los óptimos para comunicarnos con otras personas que están atravesando situaciones similares a la nuestra, no precisamente de soledad, sino de transformación y evolución.
La isla desierta
Retirarse a un lugar especial para, con la ayuda de la meditación profunda, visualizaciones o pensamiento constructivo, podamos serenar nuestra mente y renovar nuestro espÃritu de lucha y de comprensión, es bueno y recomendable.
Huir del bullicio mundano sirve para armonizar y equilibrar cuerpo y espÃritu, ya que la soledad ayuda a la reflexión. ¿Quién no ha buscado un paraje solitario para pasear, un bosque silencioso o una playa desierta con el único objetivo de encontrarse con uno mismo y poder reflexionar en aquella soledad? En la actualidad cada vez más psicólogos recomiendan un momento de silencio, un tiempo en el que desconectar de verdad del agitado mundo en el que estamos.
Un tiempo para escuchar tan sólo el silencio de nuestro interior. Curiosamente muchas personas que han realizado experiencias de silencio se han puesto terriblemente nerviosas por la falta de costumbre, además, se sentÃan solas.
Cara a cara
Una vez nos hemos enfrentado a la soledad veremos que ésta no existe, que en ese silencio y en esa tranquilidad estamos compartiendo toda la naturaleza, todo el universo. Entonces nos daremos cuenta que esa soledad no tiene marcha atrás, ya que si nos detenemos sufriremos más. Poco a poco esa soledad se va convirtiendo en un matraz alquÃmico.
Aprendemos a estar en la soledad y comprendemos a los demás cada vez más profundamente. Entonces gozamos de la soledad, para después gozar de estar con los otros.
Si buscamos vivir y conocer profundamente nuestro ser, eso implicará una soledad, una soledad a la que nunca escaparemos, como tampoco escaparemos al sentimiento de la soledad. Pero ese sentimiento nunca debe producirnos ni autocompasión, ni lamentación. Ya que nos comunicaremos con la soledad sinceramente, penetrando en ella, sin huir ni escapar, ni siquiera con pensamientos, ensoñaciones o fantasÃas. Poco a poco veremos que al estar solos, no lo estamos; y al estar con otros jamás perdemos nuestra soledad.
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Redación Mujer
16/02/2006