Si alguien se ha atrevido a hacerlo, ya te habrán dicho más de una vez
que tienes la incómoda costumbre de ir diciéndole a la gente lo que debe
hacer y cómo debe organizar su vida. No te enfades, bien sabes tú que
te encanta dar consejos gratuitos. Desde luego, lo ideal es que encauces
ese complejo de tutor hacia profesiones que lo requieran: educadores,
polÃticos, psiquiatras, etc.
¡Ojo!, no vayas a pensar que la
facilidad con la que arreglas la vida de los otros -porque realmente
resuelves con astucia y raciocinio-, la vas a tener para solventar tus
propios asuntos. En casa del herrero...
En cierto modo, Leo, no puedes dejar de sentirte superior al resto de
los mortales. Te gusta estar a la última en todo y brillar con luz
propia en las reuniones, porque de introvertido no tienes absolutamente
nada. De hecho, nunca te faltarán los amigos y las conquistas porque tu
superioridad es natural y sincera, igual que, en contrapartida, tu
interior es muy vulnerable. Asà se explica que necesites saber siempre
en que terreno te hallas -siempre controlando- para no sentirte
desplazado.
La vanidad es quizás tu talón de Aquiles, adoras que
te adulen y si te faltan al respeto te pones hecho una auténtica fiera.
Nunca bajarás la cabeza aunque intenten humillarte.
En cualquier
caso, tu actitud desafiante ante la vida y tu gran astucia te convierten
en un perfecto organizador, incluso en un gran jefe. Sabrás expresar
abiertamente tanto tu disgusto como tu aprobación, simplemente porque lo
que dices es lo que sientes.
Yo creo, Leo, que debes cuidar tus
relaciones personales y aplacar tu orgullo para conservar a las personas
que te importan. No olvides que para ti la vida no es igual sin amor.
PodrÃas aprender también a apoyarte un poco en los demás y, por
supuesto, no desprecies su ayuda tan desdeñosamente. Tú sabes que eres
sincero, cariñoso, arrollador, puro fuego, pero los demás tienen que
aguantar tu espÃritu inflamable.