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Porque si nuestro amigo se refiriese a una tortilla francesa, lo diría. Para empezar, en otro tono: una tortilla de patatas, aunque sólo sea un pincho mediomañanero de tortilla, es un objeto gastronómico valorado y estimado, en tanto que una tortilla a la francesa es... bueno, lo que se le ocurre cenar a alguien que está desganado.
Y, sin embargo... Hay tortillas francesas que valen la pena; claro que la condición sine qua non para que ello suceda es que estén bien hechas, cosa u operación que parece de lo más sencillo, pero que tiene más perendengues de los que podría uno imaginarse.
La tortilla francesa 'al natural', que debe ser siempre jugosa en su interior y de un precioso amarillo nada tostado en su exterior, nos recuerda inapetencias o pachucheces, la cosa cambia cuando esa tortilla, además de huevos, lleva otros ingredientes. ¿Cuáles? Pues... la lista es prácticamente infinita, casi omnicomprensiva: hay tortillas de casi cualquier cosa.
Antes de pasar adelante, habrá que decir que los textos culinarios distinguen entre las tortillas 'con guarnición' y las tortillas 'con relleno'. Por tortilla 'con guarnición' se entiende aquella en la que los ingredientes se mezclan con los huevos en el momento de batirlos, o justo inmediatamente después; en cualquier caso, antes de ir a la sartén; la tortilla 'con relleno', en cambio, es la que recibe esos ingredientes cuando ya está a medio cuajar en la sartén, antes de cerrarla.
El mejor es la llamada 'tortilla a las finas hierbas', que era un plato hasta elegante, de buen tono. Es bien sencillo: consiste en añadir al batido de huevos perejil, perifollo, cebollino y estragón, todo ello fresco y cortado a tijera, y pasar luego a hacer la tortilla, a la francesa, en la sartén. La proporción indicada es de tres cucharadas de hierbas picadas para ocho huevos, o sea, para una tortilla 'colectiva'.
Hay muchas cosas sobre las tortillas que ignoramos; no sabemos ni cuándo ni dónde se hizo, probablemente por accidente, la primera tortilla; tampoco por qué llamamos 'francesa' a la tortilla oblonga, aunque no falten teorías a cual más peregrina. Lo único que sabemos con total seguridad, lo que no tiene vuelta de hoja, es que para hacer una tortilla lo primero que hay que hacer es... romper los huevos.
Redacción Mujer
20/1/2010