A partir de los 60 años la piel ha perdido un buen porcentaje de su espesor y es demasiado fina como para exponerse al sol sin la protección adecuada.
A estas edades es frecuente la aparición de manchas oscuras o blancas. Además no se tiene la misma percepción de la temperatura por lo que pueden no darse cuenta de que se están quemando.