Carmen Machi, como buena maestra de ceremonias, era la primera en hacer su entrada en el Palacio de los Deportes de Madrid, que había desplegado para la ocasión su ya habitual alfombra verde y donde desde hacía horas se había colado ya un invitado desagradable: las goteras.
Así, esquivando la lluvia y atendiendo a los cientos de periodistas, Machi, vestida con un elegante y escotado vestido dorado, obra de Lorenzo Caprile, agradecía emocionada a la Academia de Cine la oportunidad de presentar los Goya y "compartir la alegría de muchos compañeros".