Y yendo más allá de la pura crÃtica de la industria que le da de comer, Megan confiesa a GQ: "Cuando lo piensas, nosotros los actores somos una especie de prostitutas. Nos pagan por fingir atracción y amor". A lo que añade: "Otra gente paga por vernos besando a alguien, tocando a alguien, haciendo cosas que la gente, en una situación de monogamia normal no harÃa con una persona que no es su pareja". "Es algo realmente asqueroso".