Y es que según las malas lenguas esta historia de amor no fue tan pasional como nos la pintaban. En el 2001, acorralada por las deudas, Isabel buscó refugio en el oasis marbellà y, más concretamente, en los brazos de uno de sus residentes más influyentes. Una vez nombrado regidor Julián Muñoz, la cantante por fin lograba satisfacer uno de sus grandes anhelos: poseer una casa en la meca de la Costa del Sol.