Era sólo cuestión de tiempo que la niña que lo ganaba todo, la número uno, diera el salto a la categorÃa profesional: la WTA. Este se produjo en octubre de 1995 y su llegada causó el alboroto general. Acostumbrados a cuerpos robustos como el de Arancha Sánchez Vicario, Mónica Seles o Conchita MartÃnez, la larga melena rubia, la pÃcara sonrisa y los escotados vestidos de Kournikova fueron una revolución. Los resultados no siempre eran parejos, pero al público no parecÃa importarle mucho: partido que jugaba, lleno asegurado.