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Niños de 1 a 3 años
¿Cómo es el paso de la cuna a la cama? ¡Entérate aquí!
Los dos años es la edad más apropiada para dejar la cuna. El niño es demasiado grande para sentirse cómodo y, además, puede ser peligroso si mete las piernas o los brazos entre los barrotes.
Especial: El sueño del bebé
Para que el niño no tenga la sensación de que se le ha echado de su cuna, es mejor que se acostumbre a la cama poco a poco. Al principio bastará con que duerma las siestas y, después de dos o tres días, ya podrá pasar su primera noche. No conviene hacer el traslado coincidiendo con la llegada de un hermanito. Eso puede ser un argumento más para que se sienta desplazado. Tampoco debemos tomar la costumbre de dejarle dormir en el sillón y luego llevarle a la cama. Es posible que, si se despierta a medianoche, se sienta desorientado y quiera volver al lugar donde se ha dormido.
Durante los primeros meses, es conveniente colocar un protector para impedir que se caiga al suelo, especialmente si se trata de una litera o de una cama más alta de lo normal. Además, hay que tener en cuenta que el niño puede levantarse el solito y salir de la cama sin ayuda. Por eso, habrá que extremar las precauciones teniendo en cuenta que puede deambular libremente.
Para que no viva este tránsito como algo negativo, debemos motivarle y animarle con el cambio. Una buena idea, por ejemplo, es dejarle que elija la colcha y las sábanas y, si además se cambia de habitación, será bueno decorarla a su gusto y con sus juguetes.
Aprender a dormir
Muchos niños entre dos y tres años comienzan a tener problemas para irse a la cama. Según Eduardo Estivill (pediatra especializado en trastornos del sueño y autor del famoso libro Duérmete niño) el problema es que los niños no han aprendido a dormir.
Casi un 70 por ciento de los niños entre dos y tres años tienen trastornos del sueño: tardan mucho en dormirse, no quieren ir a la cama, no saben dormir solos...Es en esta etapa cuando conviene enseñarles correctamente. Sino, el problema se agravará con la edad.
Consejos prácticos
Por eso, te ofrecemos unos consejos prácticos para enseñarle a dormir :
En primer lugar establece un ritual para ir a la cama. Los niños necesitan la rutina para sentirse seguros: después del baño, la cena, más tarde el cuento de mamá y, por último, apagar la luz y a dormir.
Por otra parte, la inseguridad que les invade al sentirse solos en la cama puede corregirse dejándoles dormir con su mascota (un peluche, un muñeco...) y tal vez sea necesario dejar encendida una luz tenue.
No se debe permanecer en la cabecera de la cama hasta que el niño se duerma. Es mejor irse antes, así, si se despierta, no se asustará por encontrase solo.
No hay que hacer caso a las múltiples necesidades que le surgen una vez en la cama: ¡pis!, ¡agua!. Si cedemos a todas sus demandas, al final se alargará el ritual. Si nos llama o llora, debemos acudir a consolarle, pero sólo un momento. No debe sentirse abandonado, pero el objetivo es que aprenda a dormir solo. En la cama con los padres Muchos niños se cuelan en la cama de sus padres en mitad de la noche. La mayoría de las veces los padres acogen mal al intruso, especialmente si se convierte en una costumbre.
Es cierto que a altas horas de la madrugada es difícil mantenerse firme, pero antes de que esta costumbre se convierta en una regla, conviene poner remedio. Si tiene miedo, es preferible quedarse con él a la cabecera de su cama hasta que se tranquilice. Nunca debe acomodarse en la cama de los padres expulsando a uno de ellos al sillón. Si se cuela sin que nos demos cuenta, hay que llevarlo cuando se tranquilice a su dormitorio.
Lo más importante es que si la pareja ha decidido que el niño no duerma en su cama, hay que mantenerse firme y procurar que no sea el niño quien decida. Dormir con los padres debe reservarse para excepciones muy contadas (está malito, tiene muchas pesadillas...) pero no es conveniente que se convierta en una costumbre.
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