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maternidad, cuidados, embarazo, niño, ropa, heredar, hijo, único, primogénito, ventajas, desventajasMuchas parejas deciden tener un solo hijo. Durante años, se ha pensado que los hijos únicos eran pequeños tiranos, mimados y caprichosos. Hoy sabemos que el carácter de estos niños depende mucho de la educación de los padres.
Los problemas del hijo único
Son niños que sólo se miran en el espejo de los mayores. Al no tener hermanos su relación con los padres y el mundo de los adultos es más estrecha lo que les hace ser excesivamente maduros para su edad. Si los padres son muy sobreprotectores, pueden llegar a ser muy retraídos y tímidos; incluso, puede que tengan problemas para integrarse en los grupos. Al no estar acostumbrados a competir con un hermano, pueden sentirse muy indefensos hacia los demás niños.
Las ventajas
Lógicamente, reciben más atención y se relacionan con los padres de manera exclusiva, lo que les aporta una gran seguridad. Habitualmente son niños muy maduros e inteligentes. Al contrario de lo esperable, suelen compartir sus cosas, pues no tienen que defenderlas de los hermanos. Los psicólogos recomiendan que, para suplir la ausencia de hermanos, y por tanto de las ventajas que tiene la fraternidad, estos niños se relacionen desde muy pequeños con otros niños de su edad.
El hijo mayor reúne una serie de características muy peculiares. Son los hijos deseados pero, por otro lado, los que padecen la inexperiencia de los padres.
Comparten muchos de los rasgos de los hijos únicos (de hecho lo son durante algún tiempo) pero a su carácter hay que añadir un mayor sentido de la responsabilidad, retraimiento y deseo de satisfacer a los adultos. Parece que se toman la vida más en serio que sus hermanos y, en ocasiones, adoptan casi el papel de padres.
Por eso, tal vez, son más proclives a padecer problemas de tipo nervioso y son menos sociables que los segundones o los pequeños. El problema más importante con el que deben enfrentarse es el de los celos. En estos casos, el papel de los padres será esencial para que los supere con éxito. Conviene ser flexibles con ellos y no exigirles más de lo que puedan dar, no debemos darles más responsabilidad de la que puedan asumir: son niños, aunque sean los mayores y, por último, no tienen porqué ser cómo nosotros queremos, ni gustarles lo mismo que a nosotros.
Suele decirse que los segundos se crían solos. Suelen ser más independientes, más sociables (deben ganarse la atención de los padres) pero también están sometidos a una continua comparación con los hermanos mayores. Los psicólogos afirman que el mundo del segundo está configurado de una forma menos racional que la de los primogénitos. Éstos sólo recibieron las explicaciones lógicas y coherentes de los adultos, pero los hermanos menores están condicionados por las explicaciones de sus hermanos. Suelen aprender a hablar más tarde y su vocabulario no es tan rico como el de los hermanos mayores.
Con frecuencia se sienten menos importantes: incluso heredan la ropa y salen en menos fotografías, y por eso demandan más demostraciones de afecto por parte de los padres.
Con ellos debemos comportarnos de forma especial: Dedicándoles toda la atención posible; haciéndoles entender que ellos también son hijos únicos e irrepetibles.
Los pequeños
Han sido los niños mimados y protegidos, pero también son en muchas familias el instrumento de los hermanos mayores para llegar a los padres ("dile a papa que nos lleve al parque, como eres el pequeño seguro que no te dice que no"). Recientes estudios han demostrado, sin embargo, que suelen ser los más independientes y creativos de la familia y que los mimos que reciben se convierte, con frecuencia, en adultos cariñosos y sumamente empáticos.
Peleas entre hermanos
Mientras que no lleguen a las manos, es mejor mantenerse al margen y dejar que ellos solos arreglen sus cuentas.
No hay que buscar culpables ni investigar quien empezó primero.
Si se hacen daño, hay que parar la pelea y dejar claro cuáles son los límites: nada de golpes.
Separa a los niños durante 5 o 10 minutos. Cada uno debe "reflexionar" en habitaciones diferentes.
Si las peleas son muy frecuentes, intenta ver a causa que las propicia. Puede que haya un problema de celos y alguno de los hijos necesite atención especial.
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