Cuando el estómago se llena con alimento o con aire -lo que ocurre en los bebés después de llorar- presiona el diafragma y provoca las contracciones características del hipo.
Los nervios que controlan el diafragma -el músculo que con su expansión provoca en los pulmones el mecanismo de la respiración- se alteran y funcionan de una forma anormal. Cuando ésto se produce, los nervios sufren un espasmo involuntario que obliga a succionar aire.
A esta situación hay que añadir que la glotis -la abertura que hay entre las cuerdas vocales- se cierra rápidamente, lo que impide el paso del aire provocando el sonido tan característico del hipo. Después de un momento, el diafragma se contrae nuevamente y el proceso vuelve a empezar.
No hay acuerdo en si el hipo está relacionado con el reflujo gastroesofágico. Aunque la mayoría de los casos esta motivado por la irritación esofágica que produce el contenido ácido del estómago, se han descrito casos en los que el reflujo se detectaba sólo durante los ataques de hipo.
Esto ha hecho pensar que quizás el reflujo sea una consecuencia directa del hipo.
Sea cuál sea la causa, los episodios cortos de hipo son comunes en niños sanos y no requieren atención médica.
Remedios sencillos
Existen una serie de remedios populares para aliviar el hipo, aunque lo más recomiendan los especialistas es, simplemente, esperar a que desaparezca por sí solo.
Una forma adecuado de quitarlo en los bebés es dejarle que succione el chupete. Al succionar el estómago recibe el estímulo de que va a llegarle comida. Esto provoca que acelere sus intentos de vaciarse para dejar espacio al alimento.
Como el chupete ha engañado al estómago y no le llega comida, se reduce su tamaño y ya no roza el diafragma.
También se puede intentar cambiar al bebé de posición y hay que tratar de que eructe frecuentemente.
Cuando el bebé tiene hipo hay que suspender la alimentación y reanudarla cuando éste desaparezca. Si en 5 a 10 minutos no desaparece, se le puede ofrecer agua con azúcar.
Cuando el bebé tiene hipo frecuentemente, hay que tratar de darle de comer cuando esté calmado y antes de que tenga mucha hambre, así se disminuye la probabilidad de que tenga un ataque de hipo mientras come.
El hipo crónico episodios cortos de hipo son comunes en niños sanos y no requieren atención médica, pero existe un tipo de hipo, el hipo crónico, que requiere tratamiento especial.
El hipo crónico es aquel que dura más de 48 horas o presenta ataques recurrentes, la duración es variable dependiendo de la causa, así como de la eficacia terapéutica. Puede durar horas o días, o bien repetirse muy a menudo con sólo algunas horas de descanso entre los espasmos.
Las consecuencias del hipo crónico van a depender, tanto de la duración, como de la causa subyacente. En los episodios prolongados de hipo, la alimentación y/o el sueño pueden alterarse produciendo pérdida de peso, cansancio o ansiedad.
Habitualmente la frecuencia del hipo decrece durante el sueño. Son múltiples y variadas las causas que pueden provocar hipo: enfermedades del sistema nervioso central, procesos metabólicos, infecciosos o tóxicos, trastornos localizados en los oídos, la nariz, el tórax o el abdomen que produzcan compresión o irritación local...
Ante un caso de hipo crónico se debe realizar un estudio exhaustivo de las posibles causas con el fin de iniciar un tratamiento adecuado.
Son numerosos los tratamientos que se han intentado para el tratamiento del hipo crónico en adultos, sin embargo es escasa la experiencia en niños.