Los castigos deben imitar este modelo:
- deben ser intensos, pero cortos.
- han de realizarse inmediatamente después de conocer el comportamiento indeseado.
- debemos dejar muy claro que castigamos por haber hecho algo inadecuado, no por ser malo.
Sin embargo, no debemos castigar:
- Para conseguir que haga algo que deseamos (por ejemplo, que se ponga la ropa que nos gusta a nosotros).
- Cuando ya ha recibido un castigo natural (por ejemplo, un problema derivado de una borrachera).
- Cuando estamos llenos de ira Los castigos no deben ser desmesurados: si castigamos a nuestra hija por llegar a las 11 cuando su horario de llegada eran las 10 durante tres meses sin salir, la próxima vez llegará muchos más tarde, pues pensará que le da lo mismo retrasarse poco o mucho.
Los castigos físicos
Si no son recomendables en los más pequeños, en el caso de los adolescentes están totalmente contraindicados. Un adolescente es como un reloj, a veces dar un buen golpe puede hacerlo funcionar temporalmente, pero es muy posible que dañemos su mecanismo para siempre.
Todos los expertos están de acuerdo en que los castigos corporales producen adolescentes violentos, por eso no hay que utilizarlos nunca. Obviamente, las malas actuaciones deben ser censuradas, pero también tenemos que aplaudir las buenas. Siempre que nuestro hijo haga bien las cosas, debemos decírselo. No sólo reforzaremos su conducta, sino que se darán cuenta de que las cosas que hacen bien tienen su recompensa, de la misma manera que cuando hacen algo muy mal, puede tener un castigoSi pensamos que hay determinadas cuestiones que los hijos no deben hacer, primero hay que explicárselo. Es posible que no le obedezcan al cien por cien, pero al menos conocerán la opinión de sus padres y eso le servirá como referente. Probablemente respeten esa opinión si observan una actitud segura y dialogante: con un adolescente no siempre vale un porque lo digo yo, y basta.
Cuando se pretende que un adolescente haga algo, el castigo a veces no es la mejor opción ya que provoca la evitación de la situación por miedo a las consecuencias. Por ejemplo, es importante que lleve el casco al circular en moto, pero no por la posible multa (cuando no vea policías, irá sin casco) sino porque esté convencido de que es una forma de aumentar su seguridad.
Marcar los límites
Una de las características de los adolescentes es conocer hasta dónde pueden llegar. Los padres deben indicarles siempre dónde está el límite. Aunque no lo parezca, lo agradecerán y sabrán cuál es al opinión de sus padres al respecto.
A pesar de que parezca que no hace demasiado caso, es la única manera de conocer cuáles son las reglas que nunca deben dejar de cumplir.
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