Con la llegada de la adolescencia es frecuente que los niños experimenten un bajón en los resultados académicos. Detrás puede haber muchas causa, y en muchos casos se soluciona simplemente con un poco más de atención por parte de la familia y profesores. En otros casos es el primer síntoma del fracaso escolar. Actuar a tiempo es esencial para evitarlo.
Según los estudios más recientes, un 26 por ciento de los escolares tienen bajo rendimiento en la escuela. Son niños que se distraen con mucha facilidad, se olvidan de realizar sus tareas escolares y se cansan pronto de prestar atención en clase. Suelen ser desorganizados y sus hábitos de estudio son muy pobres.
El "bajo rendimiento escolar" puede ser un problema transitorio, muchas veces como consecuencia de la incorporación del alumno a un nuevo centro, de una enfermedad, de un mal momento personal... Pero en otros casos existe un problema más grave que afecta tanto al adolescente como a la familia.
Dentro del bajo rendimiento existen dos actitudes tipo:
· Desinterés escolar. Caracterizado por apatía, pasividad, indiferencia y una desmotivación por todo lo que se aprende en la escuela. Son alumnos con un nivel escolar normal pero con una falta de interés muy llamativa. A menudo, esta actitud proviene de un ambiente familiar demasiado restrictivo o, por el contrario, demasiado represivo.
· Inflexión escolar. Suele aparecer después de un periodo escolar con resultados satisfactorios. En la mayoría de los casos se inicia sin causa aparente y parece consecuencia directa de los cambios propios de la adolescencia. Otras veces es consecuencia de un problema familiar o personal. En estos casos la situación suele volver a la normalidad después de un tiempo, pero si no se corrige, se corre el riesgo de convertirse en duradera.
Un problema familiar
Los primeros síntomas del bajo rendimiento suelen aparecen en la Educación Primaria, pero se agudizan al llegar a Secundaria. Puede ocurrir que un niño que no ha tenido problemas en el colegio, comience a tener menos rendimiento a partir de los 12 o 13 años.
Lo primero que hay que hacer es descartar un problema físico, muy poco frecuentes, y si no encontramos ninguna disfunción física normalmente hay que mirar hacia el entorno familiar.
Cuando los niños no ponen suficiente interés en los estudios, es frecuente que detrás exista un problema de disciplina.
Los profesores son los primeros en “diagnosticar este problema”. Es importante que lo pongan en conocimiento de los padres para intentar conocer sus causas.
Las soluciones
Normalmente basta con dedicar más tiempo a los hijos, conseguir que sigan determinados patrones de conducta y procurar motivarles e interesarles por las materias que se dan en el colegio. Los expertos recomiendan:
- Crear una armonía familiar
- Implicación de los padres en la vida del chico
- Favorecer la responsabilidad y a autonomía del niño
- Supervisión de la marcha escolar
- Buscar actividades enriquecedoras durante el tiempo libre
- Confiar en que el adolescente podrá superar ese bache
Una escuela estimulante
Muchas de las actividades que se realizan en el colegio son muy poco estimulantes para los chavales afectados por bajo rendimiento escolar.
Para solucionar este problema, la escuela juega también un papel preponderante. Los expertos recomiendan que la escuela se convierta en un lugar cercano que potencie la curiosidad y la imaginación de los niños.
Es importante potenciar las actitudes innatas de cada uno mediante una educación más personalizada. La comunicación profesor-alumno y profesor-padres son soluciones eficaces a este problema.
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